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Como ha dicho la escritora argentina, Liliana Heker, ?Las ganas de escribir vienen escribiendo?.

 

Me encanta esta frase cuyo concepto comparto plenamente.

 

Quiero hacerles una confesión: no soy un excelente ejemplo de disciplina como escritora, ya que no mantengo una regularidad para escribir, siempre y cuando, me refiera a mis libros.

 

Sin embargo, sí lo hago cuando preparo los artículos que les presento cada semana, y que, por supuesto, son parte de mis escritos.

 

¿Qué quiero decir con todo esto?

 

Quiero decir, que en cualquiera de los dos casos, me siento escritora y me entrego en cuerpo y alma a lo que estoy escribiendo.

 

En ambos supuestos, debo investigar a fin de contar con el material suficiente que me inspire a verter la escritura que resulte más interesante para mis lectores, o sea, para ustedes.

 

Sin embargo, el caso es que cuando voy a escribir, y supongo que a muchos de los millones de escritores que poblamos este planeta también les puede pasar, repentinamente, siento como un ataque de confusión, y no sé por dónde empezar.

 

Hay quienes dicen que no existe un momento mágico para escribir, sino que, como bien cantaba Serrat, ?se hace camino al andar?, o sea, se sientan frente a la computadora y, simplemente, comienzan a escribir.

 

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Hay quienes lo hacen como un rito, todos los días a la misma hora, en el mismo lugar, como si fuera ello lo que trajera la inspiración, sí o sí.

 

Para quienes lo toman como una disciplina, de la misma forma que se puede hacer meditación a una hora y en un lugar determinados, también se puede lograr escribir de esa manera.

 

Para mí, la rutina me saca de la creatividad. Muchas son las veces en las cuales debo preparar un artículo, como ya les conté, y no hay manera de este salga de mi cerebro. Sencillamente, mis dedos se oponen a escribir absolutamente ni una palabra.

 

Busco material, leo aquí y allá, extraigo, razono, aprendo, discuto, analizo? y nada. Lo dejo.

 

De repente, después de unas horas o bien al día siguiente? ¡Plufff! Las palabras brotan a borbotones y las ideas están más claras que nunca.

 

Pues ese mismo, es el que yo llamo el momento mágico, ese que desearía no se acabe nunca, puesto que todo lo que puedo expresar... se expresa por sí mismo.

 

Por estos mismos motivos que les cuento, estoy convencida de que cada escritor tiene su forma, sus tiempos, sus necesidades y, por sobre todas las cosas, su personalidad, que es la que en definitiva, nos muestra entre tantas palabras que vierte, ya sea a través de sus libros, de sus artículos o de un sencillo y corto, correo electrónico.

 

Y a tí: ¿Cómo te llega la inspiración en lo que haces?

 

 

 

NOTA: Si quieres que te ayude  personalmente a escribir y/o publicar TU LIBRO, completa el formulario que encontrarás en el enlace. Me comunicaré contigo dentro de las 48 hs. de haberlo recibido.

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