Me estaba acordando hace unos días atrás, que cuando era adolescente (allá lejos y hace tiempo en la década del ?70 del Siglo XX), me dieron muchísimas ganas de conocer a personas que vivieran en otras partes del mundo, que hablaran mi mismo idioma (no existía el traductor de Google y no hablo inglés) y que tuvieran ganas de contarme cómo era vivir en su lugar en el mundo, al tiempo que yo les contara cómo era el mío (Argentina).
Quiero resaltar que, como podrás darte cuenta, la escritura siempre estuvo presente en mi vida, y también fue parte de este sueño, ya que la única manera de poder cumplirlo, era a través del envío de cartas escritas en papel, enviadas por Correo tradicional, con estampillas y todo.
Evidentemente, mi deseo fue tan fuerte, que el Universo me envió una guía (ni siquiera recuerdo cómo llegó a mi mano), en la que se habían registrado personas de habla hispana que vivían en diferentes rinconcitos de nuestro Planeta y que tenían la misma inquietud que yo: comunicarse con otras que así lo desearan para intercambiar información, opiniones, costumbres, fotografías y hasta monedas locales.
Quienes aparecían en ese listado, lo hacían con su nombre y domicilio, según el país en el que vivían.
¿Te lo puedes imaginar? ¡Cuando vi esa guía no lo podía creer!
Por supuesto, lo primero que hice fue señalar a unas cuantas, tomar lápiz y papel y comenzar a escribir cada carta, ya que no se podían reproducir como se hace ahora.
En aquél momento, la única opción a la escritura a mano era la de una máquina de escribir común tipo Lexicon o Remington, pero yo todavía no tenía una en mi casa.
Recuerdo, también, que corrí a la librería, compré los sobres más bonitos que encontré y envié varias cartas a lo largo de los días.
Obviamente, no obtuve respuesta de todas las que mandé, pero sí de varias, en especial de una joven un poquito mayor que yo, de Puerto Rica, con la cual nos escribimos durante varios años enviándonos todo tipo de postales, fotografías y otras cosas interesantes, además de alguna que otra moneda local de nuestros países. Aún recuerdo su nombre (aunque no su apellido): Dinorah.
¡¡¡Esperaba las cartas con tantas ilusiones!!! Me emocionaba cada vez que abría el sobre, porque además, el papel era siempre diferente y hermoso.
¿Y por qué te cuento esto?
Justamente porque cuando hacemos algo desde el corazón, eso que realmente nos encanta hacer, y luego lo dejamos de lado por lo que sea, en algún momento de nuestra vida, sin programarlo, lo repetimos.
Y sí, yo lo estoy haciendo de nuevo. No porque escriba cartas tradicionales en papel y las envíe como entonces lo hice, sino porque trabajo a través del internet, ayudando a personas de habla hispana que viven en diferentes rinconcitos del mundo, a escribir sus libros en mi idioma y eso me permite conocer costumbres, formas de hablar y de escribir diferentes a las mías... En fin, me enriquece tanto o más, que cuando me escribía con Dinorah y me emociona de la misma manera, cada vez que termino una sesión de trabajo.
De hecho, una bellísima mujer que contacté a través de una red social, llamada Laura Fernández Dávila, me escribió lo siguiente: ?Tu propuesta de valor me parece maravillosa porque opino que ayudar con la escritura de un libro es como ayudar a nacer.?
Y ahora tengo tres preguntas para que "te" y "me" contestes:
¿Cuáles son tus sueños cumplidos?
¿Te pasó, como a mí, de cumplir alguno de la adolescencia en tu adultez?
¿Te gustaría volver a nacer escribiendo sobre esos sueños cumplidos?

Si te ha gustado este artículo, compártelo para que llegue a quien necesite de esta motivación para Escribir su Libro. Ayúdame a llegar a más personas porque ?Todos tenemos el derecho de escribir nuestro libro?.
Y si quieres recibir consejos o tips para Escribir Tu Libro, regístrate haciendo clic aquí .
Soy Débora Weller, Escritora y Coach de Escritura y me dedico a motivar, guiar y acompañar a todos aquellos que desean y necesitan escribir su libro.
La escritura de un libro es una herramienta excelente por sí misma, tanto para ponerle un marco a tus conocimientos, como para aclarar tus ideas logrando crear tu propio método de trabajo, a medida que vas escribiendo el mismo.
Y, si la yo tienes en un cajón de tu escritorio y quieres terminarlo, corregirlo, editarlo y lanzarlo a mi manera... (no te diré cuál es).
Ya sabes lo que debes hacer: contáctame .